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Luego de 12 años de kirchnerismo, la mesa de los argentinos no es ni barata ni saludable

Luego de años en los que el Gobierno proclamó que intentaba cuidar la mesa de los argentinos, mediante, entre otras cosas, el control de las exportaciones, el resultado obtenido ha sido tan rotundo como alarmante: la alimentación de los habitantes de este país no es ni barata ni saludable. Basta sólo un par de datos para ratificar el veredicto: en la tierra del que alguna vez fue granero del mundo se come el pan más caro de la región, al tiempo que el complejo agropecuario dejó de exportar en la última década por un valor de US$ 150.000 millones. ¿Puede haber algo peor? Sí, saber que estas malas noticias se produjeron durante el período en el que las commoditiesalimentarias tuvieron los mejores precios de la historia.

Este diagnóstico, junto con otros datos, como el de que hace cinco años se exportaba por un valor de US$ 80.000 millones y ahora por US$ 60.000, fue expuesto en el trabajo Comer saludable y exportar seguridad alimentaria al mundo, elaborado por la Universidad Austral, el Centro de Estudios sobre Políticas y Economía de la Alimentación (Cepea) y la Facultad de Agronomía de la Universidad de Buenos Aires (UBA). Participaron en su producción Roberto Feeney, profesor e investigador del Centro de Agronegocios y Alimentos de la Facultad de Empresariales de la Universidad Austral; Fernando Vilella, director del Departamento de Bioeconomía, Políticas Públicas y Prospectiva de la Facultad de Agronomía de la UBA, y Sergio Britos, director del Cepea.

"El objetivo fue mal puesto. Además falló la estrategia para cumplir ese objetivo, porque se redujo el número de ganado y la superficie sembrada de trigo, lo que llevó a aumento de precio de la carne y del pan, entre otras cosas -comenta Vilella-. Y para colmo se perjudicaron las exportaciones. Todo esto en un contexto donde la Argentina tuvo las mejores posibilidades para poder crecer en los últimos años."

Según se detalla en el trabajo mencionado, las estrategias del Gobierno a fin de garantizar "la mesa de los argentinos" han estado orientadas a limitar la exportación de productos agrícolas, a través de ROE (certificados de exportación) y retenciones, trabas burocráticas y políticas de controles de precios (como precios cuidados). "Estas políticas no parecen haber sido efectivas en torno de su impacto real sobre los precios al consumidor, en tanto los precios de los alimentos se incrementaron a una velocidad mayor que el nivel general", se destaca.

Feeney dice que lo que se hizo es erróneo. Es más, agrega, ha sido un desastre en aprovechamiento de mercados de materias primas. "Ha llevado al monocultivo, no se mejoraron los costos en términos de infraestructura para que los gastos logísticos sean más bajos y se ha estropeado a las economías regionales", opina el investigador.

La estrategia gubernamental falló por partida doble: a) porque los precios siguieron en alza y b) porque se desincentivó la oferta de materias primas. En el primer caso, el efecto se puede ver en el pan. Según detalla Feeney, el pan de molde que se vende aquí es, en promedio, un 100% más caro que el de México, Colombia, Chile y Brasil. Además, desde 2001 hasta ahora, los precios generales subieron 1000%, mientras que los de los alimentos, 2200%. En el segundo caso, el impacto es también evidente: la superficie cultivada de trigo es hoy la mitad que la de hace 10 años y el tradicional novillo argentino está a punto de "extinguirse".

Debido a las distorsiones de precios y desincentivos introducidos por las restricciones a las exportaciones, la Argentina ha perdido la posibilidad de exportar unos US$ 15.000 millones anuales y de producir unos US$ 25.000 millones cada año en la última década. Esto impacta en la competitividad de los sectores que han sido hasta ahora los más competitivos de la economía argentina. "Es importante rever este esquema ya que impide al país aprovechar la oportunidad de la creciente demanda mundial de alimentos que se presenta en el horizonte", se sugiere en el trabajo.

Esto además está correlacionado con los hábitos alimentarios de los argentinos, ya que si se comiera menos carne y menos trigo (en forma de pan), tal como estaría recomendado según análisis hechos por expertos en la materia, se podría liberar gran parte de eso que ahora se consume internamente para la exportación. Sería exactamente al revés de lo que afirmó la presidenta Cristina Kirchner hace un mes acerca de "sustituir exportaciones", volcando al mercado interno lo destinado al externo.

Según Vilella, se debería consumir internamente la mitad de carne vacuna de lo que se come (debería pasarse de 60 kilos per cápita anual a 30 kilos), con lo que se liberarían cada año 1,5 millones de toneladas para la exportación. En la carne aviar también habría oportunidades de exportar un millón de toneladas más, si se consumiera lo que marca el perfil saludable (se debería pasar de los actuales 40 kilos per cápita anual a los 20 kilos). En cerdo, en tanto, se está cerca del valor aceptable (12 kilos per cápita por año). "En trigo también se podría exportar 1,5 millones de toneladas más, ya que se consume acá más de lo recomendado", acota.

El estudio de la Universidad Austral y Cepea también aporta una idea de cómo podrían hacerse bien las cosas si se quiere alimentar a los que realmente lo necesitan y de una manera equilibrada. "Para empezar no habría que desligar la oferta de alimentos de la demanda. Si hay un problema de gente que no accede a los alimentos, se podría subsidiar a esa gente sin afectar la oferta", explica Feeney.

Se estudió, para esto, lo que se hace en Brasil, México y los Estados Unidos, donde se subsidia la alimentación de millones de personas, sin desalentar la producción de materias primas. Pero, además, habría que lograr que la gente no consuma comida que no sea saludable, sino mejorar la calidad nutricional, porque eso le va a permitir a los más pobres tener una vida más sana, poder estudiar mejor y luego acceder al trabajo. Además se ahorraría mucho del dinero que se gasta hoy en salud a consecuencia de que hay gente mal alimentada.

¿Cuánto costaría este subsidio? Entre 5000 y 7000 millones de dólares, pero incluyendo dentro de esa suma fondos que ya se usan incorrectamente. Porque está el presupuesto del programa de seguridad alimentaria, la Asignación Universal por Hijo (AUH) y los comedores escolares. Todo eso se podría universalizar y cubrir el subsidio a la demanda. Así no habría desincentivo a la producción de materias primas y a la exportación.

"La Argentina debería ser un supermercado del mundo y generar ingresos para los pueblos del interior del país. Dinamarca (con 20 veces menos tierra y agua) exporta casi el 40% de lo que nosotros exportamos como alimentos. Por ejemplo tiene 30 millones de cabezas porcinas, cuando acá hay sólo 4 millones", apunta Feeney.

Como se ve, 12 años de políticas económicas kirchneristas no sólo han impedido ingresos por miles de millones de dólares en concepto de exportaciones, sino que, en contra de lo que se esgrime, han logrado que la mesa de los argentinos no sea ni barata ni saludable.

Fuente: http://www.lanacion.com.ar/1829257-luego-de-12-anos-de-kirchnerismo-la-mesa-de-los-argentinos-no-es-ni-barata-ni-saludable
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