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Costa, Bianco y Español rechazaron las presiones de apertura comercial en el G-20

“Las potencias tienen doble estándar”

Los funcionarios dialogaron con Página/12 sobre los reclamos de países desarrollados para abrir la economía. El futuro de las DJAI.

Desde Estambul

“Para desarrollar la industria Argentina es necesario un sistema de administración comercial que junto con otras políticas permita redefinir la inserción internacional del país”, afirma el secretario de Comercio, Augusto Costa, al referirse a instrumentos como las declaraciones juradas anticipadas de importación. La reunión de responsables del área de comercio del G-20 acaba de terminar y el funcionario se sienta a dialogar con Página/12 en una cafetería con una vista privilegiada del Cuerno de Oro, el estuario a la entrada del estrecho del Bósforo, donde hay tránsito permanente de barcos. Lo acompañan el secretario de Relaciones Económicas Internacionales, Carlos Bianco, y la subsecretaria de Comercio Exterior, Paula Español. “Hay que tener cuidado con los cantos de sirena sobre los acuerdos de libre comercio como el que firmaron once países del Pacífico con Estados Unidos. La estrategia de inserción de esos países no apunta a desarrollar una industria diversificada sino aprovechar ciertos nichos como los recursos naturales o la mano de obra barata”, advierte Costa luego de dos días de reuniones donde el discurso neoliberal que promueve el libre comercio mostró su fortaleza.

–¿La política de administración comercial argentina está en contra de las recomendaciones de mayor liberalización promovidas desde el G-20, la OCDE y la OMC?

Augusto Costa: –Hay una gran hipocresía en el discurso de los países desarrollados, pregonan ideas que no tiene relación ni con las políticas que aplicaron históricamente ni con sus políticas actuales. El sistema multilateral de comercio está desbalanceado. Los países que dominan el debate en el G-20 sobre comercio internacional pretenden que los países en desarrollo apliquen políticas de apertura indiscriminada de la economía mientras ellos preservan instrumentos para fomentar sus industrias. Hay posiciones divergentes como las de India, Sudáfrica, Argentina y en menor medida Brasil, que sostienen la necesidad de que el sistema multilateral de comercio brinde a los países en desarrollo el margen de maniobra necesario para llevar adelante el desarrollo de su industria. En un mundo dominado por cadenas globales de valor donde las multinacionales son las que determinan la localización de las actividades a lo largo y ancho del mundo, si no hay una política de Estado que fomente la inserción en los eslabones de mayor valor agregado (conocimiento, tecnología e innovación), el peligro es que los países se queden entrampados en eslabones de bajo valor agregado.

Paula Español: –Existe un doble estándar que beneficia a los países desarrollados sobre qué tipo de proteccionismo está permitido y cual no. Estos países aplican una innumerable cantidad y variedad de medidas proteccionistas como cuotas, aranceles prohibitivos y obstáculos técnicos aplicados bajo discutibles argumentos de seguridad del consumidor. A pesar de que pregonan en todos los foros internacionales como el que acaba de terminar la eliminación de cualquier tipo de trabas al comercio, no sólo no han atenuado sus niveles de proteccionismo, sino que lo han profundizado a partir de la crisis iniciada en 2008. Los adalides del libre comercio y el respeto a las normas internacionales ignoran sistemáticamente los fallos del órgano de Solución de Diferencias de la OMC cuando van en contra de sus intereses. Resulta paradójico que quienes en el transcurso de la historia desarrollaron sus economías a través de prácticas comerciales proteccionistas, ahora pretendan instalar el paradigma de que el libre comercio es la única herramienta posible para el desarrollo.

–¿La resolución de la OMC en contra del sistema de administración comercial argentino obligará al próximo gobierno a eliminar desde comienzos de 2016 el esquema de Declaraciones Juradas Anticipadas de Importación?

Carlos Bianco: –No es así. La Unión Europea, Estados Unidos y Japón iniciaron una demanda en la OMC contra Argentina por supuestas prácticas de proteccionismo. El fallo determinó que el país estaba en contra de la normativa de la OMC y dice que a partir del 31 de diciembre el esquema debe estar en conformidad con la normativa. Eso no implica eliminar el sistema sino que el próximo gobierno deberá hacer modificaciones, algunas ya están en marcha, para que sea más transparente, preciso y ofrezca certidumbre. Todos los países del mundo tienen algún tipo de mecanismo en funcionamiento.

A.C.: –En un mundo en crisis se necesitan defensas contra la competencia desleal, pero esas herramientas se requieren incluso en un escenario internacional favorable. Para avanzar en el proceso de industrialización hace falta administrar el comercio, financiamiento productivo, dinamismo del mercado interno y políticas macroeconómicas sustentables. Cuando aparecen cantos de sirena sobre tratados de libre comercio internacionales como el que se firmó ahora entre 11 países del Pacífico y Estados Unidos se pierde de vista que la estrategia de inserción de esos países no apunta a desarrollar una industria diversificada ni profunda sino aprovechar ciertos nichos como los recursos naturales o mano de obra abundante y barata.

–¿Cómo explican la caída del 70 por ciento en el superávit comercial entre enero y agosto?

A.C.: –Antes de la crisis el comercio internacional crecía 7 por ciento anual, ahora lo hace a un ritmo del 3 por ciento. Los precios internacionales de las materias primas agropecuarias que exporta la Argentina se desplomaron. Desde el pico que alcanzaron hubo una caída de 45 por ciento. En algunos sectores aumentan las cantidades pero hay bajas en los precios. En otros productos se cerraron los mercados por la crisis internacional. Un caso paradigmático es la restricción al ingreso del biodiesel en la Unión Europea, eran 1800 millones de dólares anuales de exportaciones. La OMC nos dio la razón de que es una medida arbitraria. A eso se debe sumar el menor crecimiento de Brasil y China. Además, la caída en el precio del cobre, el mineral de hierro y el petróleo hace que caiga el ingreso de nuestros socios comerciales y, por lo tanto, cae su demanda. Por el lado de las importaciones, Argentina es un país que al crecer requiere más importaciones. Al caer las exportaciones y seguir requiriendo de las importaciones para sostener el crecimiento es lógico que el resultado comercial sea peor.

–Los principales candidatos presidenciales afirman que será necesaria una devaluación para impulsar el comercio exterior.

C.B.: –Una devaluación podría mejorar la rentabilidad de los exportadores pero no las cantidades. El problema es la baja demanda en el mundo. Si el tipo de cambio estuviera muy apreciado no tendríamos turistas en Argentina y está lleno.

A.C.: –Rusia cerró el mercado de peras y manzanas porque la caída en el precio del petróleo y el gas le destrozó el mercado interno y no compra más. Una devaluación no afecta en nada a esos envíos. En algunas economías regionales afectadas por la crisis internacional algunos productores en el marco de un tipo de cambio más alto recibirían más ingresos para equilibrar su ecuación. Además, hay una guerra de monedas que impone mucha volatilidad cambiaria como por ejemplo vemos en Brasil. Si tenemos que seguir el electrocardiograma loco que hoy son los tipo de cambio se generaría un descalabro en la política económica. Nosotros buscamos garantizar previsibildiad administrando el tipo de cambio siguiendo la coyuntura internacional.

–¿Es posible llevar adelante una transformación en la inserción internacional del país cuando el comercio global está dominado por firmas multinacionales?

A.C.: –Hay dos modelos sobre cómo tratar la inversión extranjera directa. Organismos como la OCDE dicen que se debe facilitar el ingreso y no poner ningún tipo de condicionamiento sobre a qué sector debe ir, qué hará con los dividendos y cómo se integrará su producto con partes nacionales. En ese modelo nuestros países se orientan a actividades extractivas de poco valor agregado. La otra estrategia es, más allá de las limitaciones que existen, tener un Estado activo y negociar con las empresas que invierten para tratar que el impacto sobre la producción y el empleo sea el máximo posible. Cuando el gobierno le plantea a la multinacional ir en contra de lo que dice su directorio y radicar más actividades y operaciones en el país se generan tensiones. La tensión no es mala para las empresas.

C.B.: –Muchas veces las casas matrices son miopes respecto de lo que le conviene a la filial.

Fuente: http://www.pagina12.com.ar/diario/economia/2-283271-2015-10-07.html
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