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Temas de debate: Por que cae la economía del principal socio comercial de Argentina

La peor crisis de Brasil en 25 años

El viento en contra sopla en forma pareja sobre el conjunto de los países latinoamericanos de alta especialización en materias primas, pero la situación de Brasil se explica más por las políticas de ajuste.

Por Emiliano Colombo y Alejandro Robba *
Errores propios
Brasil se encuentra en su peor recesión en 25 años, con una contracción estimada del 3 por ciento de su PBI para 2015. El desempleo golpea al 7,6 por ciento de su población activa cuando un año atrás apenas alcanzaba al 5 por ciento, en un contexto donde no sólo no se crean nuevos puestos sino que se acelera la destrucción de los actuales. ¿Es acaso sólo la baja en los precios de sus productos de exportación lo que subsumió al gigante brasileño en semejante recesión? ¿O más bien fue producto de un mix de decisiones internas que promueven el “ajuste necesario”, que postula hambre para hoy y crecimiento para mañana?

Brasil es el mayor exportador mundial de soja, carne, azúcar y café; y el segundo exportador de maíz, mineral de hierro y de acero representando estas canastas de productos el 62 por ciento del valor de sus ventas externas. La caída en los precios de los commodities tiene mucho que explicar en la reducción del 17 por ciento de sus exportaciones en los primeros nueve meses del año. Pero el componente primario de sus ventas externas es bastante menor que en otros países vecinos como Chile, Perú y Colombia, que sin embargo experimentaran un crecimiento de sus economías.

Entonces más que en el viento en contra que sopla en forma pareja sobre el conjunto de los países latinoamericanos de alta especialización en materias primas, la explicación debemos buscarla al interior de Brasil: el viento en contra de cabotaje.

Ante la reversión del ciclo alcista de los commodities, Brasil tomó el camino de ajustar y achicar el Estado, para intentar agrandar la renta empresaria como impulso de una futura recuperación. Para ello realizó tres ajustes simultáneos: sobre el valor de su moneda, el costo del crédito y el gasto público. Cabe destacar que la devaluación del real (36 por ciento anual) no es gratis en términos de actividad. La inflación subió al 9,5 por ciento anual en septiembre, su máximo valor en doce años, y está impactando negativamente sobre los salarios y el consumo.

Por otra parte el gobierno de Dilma Rousseff lanzó un plan de austeridad para apuntalar el magro superávit primario con una combinación de recortes de gastos (eliminación de ministerios, menor gasto en infraestructura) y suba de impuestos (combustibles, transacciones financieras). Pero el supuesto desbalance fiscal sería mejor ir a rastrearlo por el lado financiero que por el de los gastos para apuntalar la economía real. En efecto, en Brasil, atender los intereses de su deuda pública le erosiona al fisco casi 4 por ciento del PBI.

Por último, la elevación de la tasa de interés del Banco Central de Brasil al 14,25 por ciento anual desde el 10 por ciento que se encontraba un año atrás produjo un encarecimiento del crédito interno (36 por ciento tasa de interés) y su racionalización. Hasta los préstamos del famoso banco de desarrollo brasileño (Bandes) se están retrayendo (-26 por ciento anual). Por lo tanto, existen fuertes indicios de que el ciclo recesivo brasileño sea explicado con mayor contundencia por las políticas de austeridad aplicada por el nuevo equipo económico de Dilma que por la retracción del ciclo económico mundial, que algo habrá hecho.

Todas estas herramientas que apuntan a generar un nunca bien definido shock de confianza para que no decaiga el “grado de inversión” en pos de sostener “cuentas sanas” que supuestamente aceleraran el crecimiento económico.

Argentina está padeciendo la austeridad brasileña a través del canal comercial. Hacia dicho mercado enviamos el 18,5 por ciento de nuestras exportaciones totales y el 42 por ciento de la demanda externa de manufacturas industriales. Más aun, haber profundizado las políticas contracíclicas superando los niveles de gasto público de años anteriores motorizó ventas internas de productos industriales que antes se destinaban al mercado brasileño.

Esta suerte de sustitución de exportaciones defensivas no puede durar en el tiempo, por lo que deberemos discutir cuáles serán los nuevos mercados externos si es que nuestro principal socio comercial se emperra con no ser el promotor del crecimiento regional. En un mundo multipolar con final abierto, cómo insertarnos en el mundo no depende sólo de decisiones de política interna sino también de las estrategias nacionales de nuestros socios. Este dilema y no fallar en el diagnóstico también forman parte de la agenda del desarrollo.

* Docentes de la Universidad Nacional de Moreno e integrantes de la graN maKro.

Por Ana Gárriz *
En la encrucijada

Tras experimentar un proceso de crecimiento sostenido sin precedentes durante el último decenio, Brasil se encuentra hoy inmerso en un estancamiento económico. De cumplirse las predicciones del Fondo Monetario Internacional, culminará con una contracción del producto bruto interno del orden del 2 por ciento este año. Los fundamentos de la compleja coyuntura económica que atraviesa el país vecino se encuentran en debate. Hay quienes sostienen que se trata de una recesión autoinfligida producto de la complicada correlación de fuerzas que sostiene al Partido de los Trabajadores en el poder tras las últimas elecciones y del desembarco en el gabinete de economistas de claro corte neoliberal. Otros analistas, por su parte, aducen que las medidas de austeridad anunciadas en los últimos meses (recortes del gasto público, incremento de tasas de interés y devaluación) constituyen una respuesta obligada de la administración Rouseff ante un contexto internacional que amenaza con poner en jaque la principal fuente de obtención de divisas con la que contó Brasil luego de perder, a partir de 2007, su superávit de cuenta corriente: la atracción de inversión extranjera directa e inversiones financieras de cartera.

Ante la encrucijada local e internacional actual, el principal socio comercial de la Argentina optó por mantenerse dentro del esquema de metas de inflación, recurriendo para ello a una reducción de su gasto público que, en concomitancia con la devaluación del real, desaceleraron la actividad económica y amenazan con contraerla. Ahora bien, ¿qué consecuencias tendrá ello sobre la economía argentina? Brasil explica por sí solo el 20 por ciento del crecimiento acumulado de las exportaciones de Argentina a lo largo del período 2003-2013. Como consecuencia, de cumplirse las predicciones del FMI la caída del producto brasilero conllevaría a una pérdida de exportaciones para nuestro país que rondaría el 5 por ciento.

Si se analiza la canasta de productos exportados hacia Brasil, puede verse que los impactos de su recesión sobre la economía nacional prevendrán fundamentalmente por la vía del comercio bilateral industrial. Más del 75 por ciento de las exportaciones argentinas a tal destino constituyen manufacturas de origen industrial. Esta particular dinámica es explicada, en gran parte, por la venta de productos pertenecientes al complejo automotriz: durante el primer trimestre del corriente año, el 45 por ciento de las exportaciones bilaterales realizadas desde nuestro país se corresponden con vehículos y autopartes.

Dicho panorama pone sobre la mesa tres cuestiones fundamentales. En primer lugar, que una vez más la realidad muestra que no existen posibilidades de llevar a cabo “ajustes expansivos”. En segundo lugar, que el sostenimiento del consumo doméstico es la herramienta inmediata más efectiva para contrarrestar los efectos que sobre la economía local tiene la crisis brasilera. Si bien en el primer trimestre del corriente año las exportaciones bilaterales de manufacturas de origen industrial cayeron un 25 por ciento con respecto a igual período del año anterior, la evolución de la actividad industrial local durante dicho lapso muestra una caída de sólo el 2 por ciento. Del mismo modo, mientras que las exportaciones de vehículos y autopartes se redujeron ambas en un 30 por ciento, la producción de vehículos se contrajo sólo un 16 por ciento.

Por último, que ceder ante los reclamos de los adalides del libre comercio que fundamentalmente en Brasil velan por la necesidad de suscribir acuerdos bilaterales de libre comercio con países cuyas brechas de productividad con respecto a las de la región son aún elevadas, no hará más que agravar la actual crisis brasilera, con repercusiones que se extenderán sobre nuestro país y el resto de la región. Al respecto, cabe mencionar que según estimaciones propias, aún cuando los esquemas de integración comercial industrial bilaterales vigentes puedan ser mejorados en pos de distribuir más equitativamente entre los países los beneficios que en términos de desarrollo industrial estos han tenido, los mismos han logrado que la región tenga hoy tejidos industriales más desarrollados que los que se habrían configurado de no haber existido tales espacios de cooperación regional.

En definitiva, lo que la coyuntura local y regional ponen en evidencia, es que para poder profundizar los procesos de crecimiento con inclusión social de la región se requiere no sólo que Brasil revea sus políticas de austeridad y nuestro país intensifique los esfuerzos por sostener el mercado interno, sino también que ambas naciones sostengan al Mercosur como principal instrumento integración comercial y productiva.

* Licenciada en Economía. Citra-UMET/Conicet.

Fuente: http://www.pagina12.com.ar/diario/economia/2-284140-2015-10-19.html
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