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El abogado Luis Ramirez advierte una avanzada sobre los derechos laborales

“Vamos a revivir la década del 90”

El presidente de la Asociación Latinoamericana de Abogados Laboralistas sostiene que es necesario fortalecer a los sindicatos para hacerles frente a los gobiernos de derecha que ganan terreno en la región.



“En el mundo y en Argentina vamos a entrar en un nuevo proceso de ofensiva contra los derechos de los trabajadores”, afirma el abogado Luis Enrique Ramírez, presidente de la Asociación Latinoamericana de Abogados Laboralistas (ALAL). En diálogo con Página/12, el especialista analizó la avanzada de los gobiernos de derecha sobre los derechos laborales y la debilidad de los sindicatos para hacerles frente.

–¿Cuáles son los problemas más importantes que enfrenta el mundo laboral a partir de la avanzada de gobiernos de derecha en la región?

–Hay coincidencias en ver la debilidad del sindicalismo. Uno podría imaginar como un sujeto en condiciones de enfrentar este tipo de ofensivas sin embargo lo que se ve en pleno siglo XXI es que es un sujeto que está en un estado de esterilidad. Entonces nos interesa pensar cuáles son las causas.

–¿Aún en Argentina que sigue siendo el bastión del sindicalismo en la región?

–Es cierto que el movimiento sindical argentino con respecto a la región y con respecto al resto del mundo, muestra fortalezas. Pero nosotros hemos sufrido la década del 90 donde esa supuesta fortaleza no sirvió para absolutamente nada. También tenemos que hacernos cargo de eso. El famoso modelo sindical argentino de unidad, etc., cuando tuvo que enfrentar la peor ofensiva al derecho del trabajo argentino… muchos fueron cómplices o, digamos, espectadores.

–¿Cómo están los sindicatos, ya no se cree en ellos?

–Ese es uno de los elementos del diagnóstico que hicimos en las últimas jornadas sobre clase trabajadora, movimiento sindical y derecho del trabajo en el siglo XXI. La sindicalización en Argentina sigue siendo elevada, pero hay un factor que distorsiona un poco esto, para comparar por ejemplo con países como Francia, donde la afiliación es bajísima, es que acá los sindicatos tienen el manejo de las obras sociales. Y si bien legalmente uno para estar en una obra social no necesita estar afiliado, en la práctica funciona de una manera diferente. Porque con formas sutiles o menos sutiles, el trabajador está presionado para pertenecer al sindicato que administra la obra social. También se analizó que la estructura de la clase trabajadora en el siglo XXI es muy diferente a la de principios del siglo XX. Eso también conspira contra la formación de una conciencia de clase desde el lado de los trabajadores…

–¿Qué pasa cuando irrumpen los trabajadores de clase media?

–Son los que tienen prejuicios contra los sindicatos, en realidad están en la clase pero les gustaría salir de la clase, con lo cual eso debilita mucho la acción solidaria. Los factores son muchísimos, el fin del fordismo, de las grandes empresas. Ahora el modelo a seguir es el de la empresa pequeña, más ágil que se adapta fácilmente a mercados cambiantes. La globalización ha producido esto. Y esto se nota. La existencia de trabajadores de primera categoría y de segunda categoría, los contratados, los trabajadores de empresas tercerizadas que tienen mucho menor salario que los trabajadores de la empresa principal.

–El Estado, que debería proteger, también recurre a los mismos mecanismos.

–El Estado es el peor empleador de todos. Acá en nuestro país la vergüenza mayor era que el Ministerio de Trabajo tenía empleados de manera irregular. Es un modelo casi cultural impuesto.

–¿Qué rol juega la negociación colectiva en las paritarias?

–No podemos hablar de que existan los sindicatos sin hablar de la negociación colectiva, porque nacen para eso. La negociación es la razón de ser del sindicato.

–¿Pero qué pasa cuando el gobierno baja una línea de un techo de aumento?

–Como han intentado todos los gobiernos. No conozco uno solo que haya generado las condiciones para que las negociaciones fueran realmente libres, siempre intentaron adaptarlas al plan económico del gobierno.

–¿Se valora esta herramienta de negociación colectiva?

Absolutamente. Si hubo algo que no fue necesario discutir es si los sindicatos son necesarios o no; y si hay alguna otra forma para reemplazarlos. Y no hay ninguna forma. Son necesarios porque no se ha inventado nada que pueda reemplazarlos. Ahora, lo que hay que ver es por qué no funcionan como deberían funcionar, por qué los dirigentes no cumplen las expectativas que uno tiene sobre ellos, por qué no son representativos, por qué hay pérdida de confianza. El debate es ese. La idea es hacer un diagnóstico de la situación y ver cómo hacemos para fortalecer la acción sindical. Como hacemos para que los trabajadores recuperen su memoria histórica, etc. No va a ser fácil esto pero creemos que es la línea correcta para seguir avanzando.

–¿Cómo juegan las nuevas tecnologías en el mundo laboral actual?

–Es un tema más que preocupante; los sindicatos tienen que hacerse cargo de este dato. Por ejemplo, los trabajadores del subte que resisten la colocación de máquinas expendedoras de boletos que hacen desaparecer a una categoría importante que son los boleteros. Y los últimos trenes de subte vienen sin maquinistas, son controlados por computadora. Pero la historia demuestra que con el tiempo no hay forma de oponerse.

–La mítica lucha de los ludditas contra las máquinas…

–Lo que se necesita es pensar qué se hace en una sociedad y un mundo que avanza hacia esto. Donde la productividad laboral ha aumentado muchísimo de la mano de las nuevas tecnologías y cada vez se necesita menos mano de obra. Hay muchos intelectuales que están pensando en esto: el fin de la sociedad salarial, donde el salario deja de ser un elemento que nos da una identidad, etc; y qué hacemos a partir de ahí.

–Porque al mismo tiempo la sociedad te lleva a un consumo cada vez mayor.

–Claro. Ahora la vieja idea del pleno empleo es difícil proyectarla hacia el futuro. Así que no es ciencia ficción pensar en una sociedad donde el trabajo no cumpla la función que cumple hoy. Así que es una situación sumamente compleja donde visualizamos una nueva ofensiva muy fuerte en Latinoamérica en función de la crisis de muchos gobiernos progresistas.

–Un ejemplo es el veto de la “ley antidespidos” por parte de Macri.

–La ley en sí es anecdótica, pero representa lo que vislumbramos que viene para los trabajadores argentinos y para Latinoamérica en general y que de alguna forma lo estaban sufriendo en muchos países de Europa. Hasta ahora creíamos estar un poquito al margen, pero ya la ola llegó. Vamos a revivir en muchas cosas la década del 90.

Fuente: http://www.pagina12.com.ar/diario/economia/2-303337-2016-07-04.html
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