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El gasoducto invisible entre San Cayetano, Arroyito, Hangzhou y la ONU

Al igual que los economistas que pueblan el gabinete de Mauricio Macri, los empresarios más poderosos del país están sumidos en una sorda pero intensa disputa. Los intereses que enfrentan a unos y otros son los mismos que esta semana se ventilaron a los gritos en el Congreso y más discretamente en el palacio de Tribunales, donde la Corte Suprema empezó a redactar el primer fallo de verdadera relevancia para el Presidente. Hasta que esa puja no se termine de saldar, y aunque el Banco Central haya terminado de remover los últimos vestigios del control de cambios, la anhelada lluvia de inversiones prometida en campaña se seguirá demorando, el empleo se seguirá destruyendo y el humor social (y especialmente sindical) podría empeorar.

Lo que está en juego es el esquema de precios relativos que sobrevendrá al ajuste salarial, que desde noviembre ya rebanó un 13% del ingreso real promedio de los trabajadores. Los dos bandos empiezan a recortarse con nitidez en el horizonte del establishment. De un lado, con sus contradicciones pero con contratiempos comparables, se amontonan industriales, comerciantes y contratistas de obra pública. Del lado de los ganadores no solo refulgen los productores de granos beneficiados por la rebaja de las retenciones y el puñado de multinacionales que muele y exporta su producción, sino también los petroleros. Hacia estos últimos se volvió la mirada inquisitiva del resto del empresariado, que los acusa de haber incumplido sus compromisos de inversión pese a la gigantesca transferencia de recursos a su favor que significó el tarifazo.

Como en una ópera, los apellidos en danza son todos italianos: Bulgheroni, Rocca, Pagani y Macri. El dueño de Techint compartió su amargura con el mandatario días atrás, en una charla a solas que mantuvieron en la quinta de Olivos. Mientras él tiene suspendidos a 2.800 operarios en la planta de TenarisSiderca en Campana y siente en la nuca el aliento de la competencia china a precios de dumping y de la brasileña también más barata por la devaluación del real, refunfuñó, los dueños de Panamerican Energy embolsan un doble subsidio a sus exportaciones de crudo (unos u$s 3.500 millones en el año para todo el sector), otro subsidio implícito en el “barril criollo” que pagan los automovilistas cada vez que cargan combustibles y una tercera transferencia gracias al cuestionado aumento del gas en boca de pozo, que representa unos u$s 4.000 millones adicionales al año.

José Luis Sureda, un técnico formado en Gas del Estado que saltó al grupo Bridas-Bulgheroni con la privatización y que tejió luego una relación estrecha con sus dueños en Panamerican Energy, es quien decidió junto a Juan José Aranguren la suba del precio del gas en boca de pozo que cuestionó Rocca y que explica el 70% de lo que aumentaron las facturas de gas residenciales e industriales. El secretario de Combustibles no apareció nunca ante los flashes ni fue mentado en los carteles que improvisaron los caceroleros que parió este invierno pero en su escritorio se gestó la duplicación del precio del gas “viejo” que benefició a sus antiguos jefes y a la alicaída YPF más que a ninguna otra compañía.

El problema es que los zares del petróleo no cumplieron con su parte del trato. Lo dijo sin vueltas en la accidentada sesión del miércoles el diputado massista por Chubut Jorge Taboada, secretario general de los camioneros de la provincia: “Hay más de 8.000 operarios despedidos y la economía de la provincia está paralizada. El Estado nacional y el provincial les dan millones de dólares a las petroleras y ellos no paran de echar gente. Alguien se está quedando con la plata”.

La calle
Taboada, que reconoce como “único jefe” a Hugo Moyano, advirtió en Buenos Aires que los piquetes que se multiplican en el norte santacruceño y el golfo de San Jorge ya no responden a la dirigencia gremial, sino que expresan la desesperación de quienes repentinamente dejan de cobrar sueldos de 40 ó 50 mil pesos sin perspectiva alguna de reinserción laboral. El espectro de estallidos como el de Los Dragones, aquel grupo disidente que puso patas arriba las instalaciones del yacimiento Cerro Dragón en 2012, vuelve a recorrer la Patagonia.

En el otro extremo del gasoducto, en los conurbanos de las grandes ciudades, el tarifazo y los consecuentes aumentos de precios “de segunda ronda” empujaron a la pobreza a un millón y medio de personas, como volvió a hacer notar ayer el Observatorio Social de la Universidad Católica Argentina (UCA). La pontificia casa de altos estudios volvió a cargar las tintas sobre “las consecuencias sociales que están generando las medidas de ajuste implementadas en los últimos meses” y a criticar a quienes depositan expectativas en un “derrame”, por segunda vez en el año. Su sincronización con la multitudinaria marcha del domingo de San Cayetano a Plaza de Mayo, también de inspiración vaticana, no pudo ser más perfecta.

En la popular, como dice uno de los economistas más críticos del resto de sus colegas del gabinete, las aguas también están divididas. Los que marcharon el domingo fueron los que nunca gozaron de beneficios como las vacaciones y el aguinaldo, pero que ahora ven peligrar también su alimentación. Los que se movilizaron el 29 de abril, y que con el golpe inflacionario del último bimestre vieron consumir las paritarias que debían alcanzarles para llegar a 2017, aguardan que la nueva conducción de la CGT le ponga fecha a un paro general.

El palacio
Luis Pagani esperó en vano a Macri en Arroyito la semana pasada para inaugurar su nueva planta de jarabe de maíz y debió contentarse con un video que el mandatario envió por whatsapp desde el aeropuerto de Córdoba, porque una inoportuna niebla le impidió volar en helicóptero hasta el pueblo donde nació Arcor.

Al rey de los dulces lo inquieta que en el primer semestre hayan crecido 60% las importaciones de golosinas, 36% las de chocolates y 74% las de galletitas dulces, como destacó en su último informe la consultora RadAr, pero por su escala tampoco le va la vida en ello.

Por eso mantiene un moderado optimismo. Donde sí empieza a cundir el pánico es en industrias con plantas más chicas, como se vio el martes en la reunión de Junta Directiva de la UIA. El santafesino Guillermo Moretti, el salteño José Urtubey, el textil Jorge Sorabilla y el zapatero Alberto Sellaro fueron los más duros al advertir caídas bruscas en sus ventas. Ayer lo puso en negro sobre blanco la propia central fabril: estimó que la caída en la producción fue del 9,5% en junio, la peor desde la crisis global de 2009.

“Si el único instrumento antiinflacionario va a ser el atraso cambiario con tasas de interés altas, lo único que crece es la bicicleta financiera. Y si en ese contexto encima se da una apertura comercial, no tenemos defensa”, protestó el martes ante el parlamento fabril el histórico Roberto Arano. Fue casi una premonición.

Al día siguiente, en un seminario de Reuters, Alfonso Prat-Gay volvió a exhibir sus escasas dotes para la diplomacia cuando mandó a los empresarios a “ponerse a dieta” para empezar a competir con los importados.

El problema es el crítico contexto regional y global en el que el Gobierno pretende abrir las fronteras a esa competencia. Y que, para peor, la canciller Susana Malcorra debe conjugar ásperas negociaciones comerciales para defender la producción nacional con su propia campaña de seducción de las grandes potencias para que la respalden como la primera mujer en conducir la ONU. José de Mendiguren le preguntó por ese conflicto de intereses a Francisco Cabrera en un improvisado VIP que se armó en la conferencia anual de la Unión Industrial cordobesa, el mismo día de la visita de Macri a esa provincia.

“¡No hay problema porque con China negocio yo! ¡Y con la mayor firmeza!”, canchereó el latin lover, como le dice Macri. China, de todos modos, no es el principal obstáculo para Malcorra.

El enemigo de su candidatura es Moscú, que la considera un número puesto por Washington y que amenaza con ejercer su poder de veto en su contra. Para contrarrestarlo, la jefa del Palacio San Martín se entusiasma con el guiño que le hizo por carta la flamante premier británica Theresa May. En la próxima cumbre del G-20 en Hangzhou, May se verá con Macri y Malcorra con su par de la Foreing Office. ¿Cederá Argentina en su reclamo por la soberanía de Malvinas o por la explotación de sus recursos a cambio de que Londres apoye a la exCEO de Telecom para reemplazar a Ban Ki-Moon? ¿Será acaso otro de los costos de haber vuelto al mundo?

Fuente: http://www.diariobae.com/article/details/83973/el-gasoducto-invisible-entre-san-cayetano-arroyito-hangzhou-y-la-onu
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