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Se “espesa” la cuestión industrial

Se confirma la presente preocupación en amplios segmentos manufactureros. Con una actividad interna en general decaída, talla cierta presión importadora (que los valores en dólares, por menores precios, disimulan) que molesta adicionalmente, registrándose pérdida de empleos. En cuanto a exportaciones, se arreglan mejor las de la agroindustria, las MOI ceden.

El trasfondo de todo esto es que aún no luce claro en la actual estrategia económica el rol asignado al sector manufacturero en sentido integral. Algo por el estilo prevenimos desde hace tiempo a través de libros y artículos.

Avisamos que el desahucio del modelo competitivo productivo (MCP) con eje en el tipo de cambio competitivo de 2003(02)/07 la macro prodesarrollo, proclive al sector industrial por parte del esquema populista aplicado a partir de 2010, en cuanto éste patentizara sus crudos límites, tendería a dejar tras de sí un ponderable vacío en lo referido a la captación del papel del sector industrial en su alcance global. Vale ver algunos aspectos.
La duda es cómo se controlarán y usarán
las defensas que la propia OMC admite
El planteo populista continuó el relato industrialista, pero desarmó irresponsablemente la macro afín al MCP, la que proveía encarnadura básica a aquél. La configuración macro se degradó mucho, cayendo en un torvo retraso cambiario real. Surgiendo a la par, a modo de improvisada “compensación”, un intervencionismo ultracasuista y carente de organicidad en términos de política industrial y comercial externa, que auguraba un triste desenlace. Sin duda, ese intervencionismo, en algunos de sus rasgos como las DJAI vía reservas del mercado interno, permitió la sobrevivencia de empresas, pero por desgracia dentro de un marco global viciado, tanto en lo funcional como en el plano de la admisión internacional.

Precisamente, respecto de la presión importadora aludida, una de sus manifestaciones detectables en rubros como textiles, metalúrgicos, etc. es el alza no trivial de importaciones vinculadas a posiciones alcanzadas por las DJAI (puede haber también “blanqueo” de compras que antes iban por el circuito no oficial). Aun aplicándose el régimen de monitoreo de importaciones, se dio el tal fenómeno, emparentado en buena medida con la aprobación de DJAI pendientes.

Así combinan un mercado interno débil y un avance importador ayudando el aflojamiento de trabas, sumándose asimismo un nivel cambiario real distante del tipo de cambio industrial o desarrollista.

Cursos de acción

¿Qué hacer ante un cuadro tan difícil? Una reacción instintiva, hasta entendible, es expresar el disgusto por que las DJAI “se sueltan”. ¿Acaso el Gobierno avala una “liberación” irrestricta de importaciones? El colega González Fraga, partidario del Gobierno (y mentor de altos funcionarios del mismo), señala su esperanza de que las autoridades no encaren una “apertura ingenua” como la de los ‘90 (se volverá sobre esto).

Sin embargo, si bien se ve, y sin olvidar a las DJAI, quien “libera” las importaciones es el gobierno anterior, al perder por paliza el diferendo en la OMC, siendo fulminados por el fallo todos y cada uno de los ítems de la política comercial externa al boleo aplicada en su momento, incluidas las DJAI. Lo que hizo ese gobierno pícaramente ver, por ejemplo, la carta del representante argentino Jorge D’Alotto del 6/7/2015 es aceptar el fallo y legar el desguace del sistema al gobierno entrante.

Desde ya, queda abierto el sensible interrogante acerca de cómo el actual Gobierno manejará el monitoreo importador y usará las defensas que la propia OMC admite. Pueden sumarse, en su caso, acuerdos voluntarios.

Pero, por de pronto, gravitará una mecánica bastante distinta de la aplicada antes. De todos modos, no releguemos algo crucial: la relevancia del tipo de cambio real.

Cuando González Fraga cita la apertura ingenua de los ‘90, en esencia, ello es igual al hipodólar real. Porque, precisamente, el tipo de cambio real (en especial para una perspectiva de corto-mediano plazo, y luego como soporte más extendido) establece una rigurosa condición necesaria aunque no suficiente para la competitividad industrial. La competitividad- precio aquí es clave, y la genealogía de impulsión es: tipo de cambio real (alto)-competitividad- productividad.
La industria exige un atención cada
vez más urgente e intensa
Por supuesto, al revés del dislate que suele oírse, la cuestión cambiaria real no hace a una medida aislada, sino a un marco macro integral. El MCP, a través de sus exitosos indicadores, reflejó la probidad de éste.

No obstante, a hoy, y en mucho debido al fenómeno de cuña salarial (coexistencia de trabas en el nivel salarial real interno con fuertes subas del costo laboral en dólares) de años atrás, puede estimarse amenazante la puja de ingresos o conflicto distributivo “estructural” entre el tipo de cambio de tenor desarrollista y el inherente a la visual de los salarios. Lo cual no es un problema menor a procesar al medir las chances de despegue de la economía.

Entonces, el aludir a la hipótesis del supuesto salto de productividad “por sí” en la economía, se erige en el desesperado intento en el estereotipo, cercano a una sanata de hallar un talismán mágico que “resuelva” el problema.

Se invierte la genealogía: dada una productividad alta, se facilita el ser competitivo, y “se justifica” así un cambio real bajo (suponiendo menos tensión salarial). Pero, ¿cómo, con qué señales y cuándo se genera la tal productividad? Es como el chiste del economista náufrago y el abrelatas. Incluso, mencionado el tema, los gremialistas tienden a creer que, en rigor, se ataca directamente la perspectiva salarial.

También hay quienes dicen que con tantos sobrecostos que perjudican la actividad manufacturera (altas tasas y presión fiscal, elevados fletes, floja infraestructura, mucha litigiosidad laboral, etc.) mientras no se encaucen tales distorsiones, cuadrarían medidas de protección masiva ad hoc. Pero, aparte de los bemoles asignativos del asunto (y de que varios de esos costos son de raíz macro), ¿hasta dónde cabría llegar en la materia dado el reciente affaire en la OMC? Por eso atisban, a modo de enfoque opuesto, rumores de reconversión industrial, siendo que un tipo de cambio real débil podría, según algunos, jugar cual acicate para anular “obsoletos y obsolescencias”. En principio, con un natural daño en el empleo.

En síntesis, el tópico industrial se espesa. Y supuestos cursos de acción posible divergen. Sin duda, el tópico exige un atención cada vez más urgente e intensa del Gobierno, de empresarios y de gremialistas.

Fuente: http://www.diariobae.com/article/details/84598/se-espesa-la-cuestion-industrial
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