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El jefe de los evaluadores del FMI elogio la política económica

“Tenemos una visión positiva”

Alejandro Werner valoró los “cambios” y “correcciones” implementados por el gobierno de Macri, aunque reconoció que “el rebote de la inversión ocurrirá lentamente”. Para que se concrete, reclamó “el balanceo de las cuentas fiscales”, un eufemismo para referirse al ajuste.


“Tenemos una visión positiva de lo que está ocurriendo en la Argentina”, evaluó el directivo del Fondo Monetario Internacional, Alejandro Werner, al celebrar las “correcciones” y “cambios” implementados por el Gobierno de Mauricio Macri. El responsable del Departamento del Hemisferio Occidental del FMI llegó al país a comienzos de la semana para acompañar a la misión encargada de realizar las auditorías de la economía local después de diez años y ayer expuso durante la convención anual de FIEL, una de las usinas ortodoxas más tradicionales del país. “Hay que rebalancear las fuentes de crecimiento de una economía que se basó demasiado en el consumo y muy poco en la inversión”, indicó Werner. A pesar del optimismo por el mejorado clima de negocios y las modificaciones macroeconómicas, el economista mexicano nacido en Argentina consideró “el rebote de la inversión ocurrirá lentamente”. En el escenario de contracción del comercio internacional y la inversión productiva que describió, Werner indicó que el financiamiento deberá buscarse en el mercado financiero internacional.

En el mismo cargo desde 2013, el directivo del Fondo nunca disimuló el rechazo que le generaba la política económica de los gobiernos kirchneristas. En esta oportunidad, su diagnóstico sobre la economía mundial se enfocó en los elevados niveles de gasto público e inflación. Ayer, Werner repasó ante el auditorio de empresarios, banqueros y economistas convocados por FIEL un conjunto de “episodios exitosos” de reducción de la inflación desde niveles de dos dígitos, donde advirtió que los procesos se extendieron entre 4 y 10 años. La superficial descripción incluyó los casos de Chile, Colombia, México y Brasil, aunque evitó mencionar la experiencia argentina con el régimen de convertibilidad y sus consecuencias.

Como Director del Departamento para el Hemisferio Occidental, el economista suele realizar declaraciones sobre la Argentina. A mediados de julio, Werner escribió un breve artículo sobre América latina en un blog oficial del FMI. Ahí comentó que “el impacto adverso de la transición económica fue mayor de lo previsto” y celebró el programa de ajuste desplegado por el Gobierno. Lo definió como una “política macroeconómica más coherente y creíble”. Frente a las restricciones globales para crecer a través del impulso de las exportaciones o un boom inversor, el economista sorprendió al indicar que la reactivación llegaría a través de herramientas como el gasto público: “La actividad económica probablemente empezará a recuperarse hacia finales de 2016, a medida que la inflación se modere gradualmente, que se estimule el gasto y que se reduzcan las tasas de interés”, sostiene el artículo.

Sin embargo, durante su exposición en la conferencia de FIEL, el rol contracíclico del Estado quedó desplazado por conceptos como “la racionalización del gasto público” y “el balanceo de las cuentas fiscales”, eufemismos aggiornados para referirse al ajuste fiscal. “A la par del boom de crecimiento y los commodities, el déficit fiscal se expandió en toda la región pero en el caso argentino la expansión del gasto público se dio con anabólicos”, lanzó Werner. Antes de retirarse, el ex subsecretario de Hacienda del gobierno mexicano de Felipe Calderón respondió algunas preguntas y Página/12 le recordó lo que escribió dos meses atrás. “Si dije eso no lo debería haber dicho. Yo no se si dije que gastando más se iba a crecer. Con racionalizar quiero decir que los gastos sean consecuentes con fuentes de ingresos y que sean eficientes para no desincentivar la producción y no interferir en la inversión y que tengan impactos positivos sobre la distribución del ingreso”, fue la respuesta ensayada por el directivo del Fondo.

La convocatoria para que el organismo multilateral realice su tradicional supervisión de la economía después de una década no representa un paso para solicitar un crédito del Fondo y tampoco constituye un mecanismo para legitimar nuevas medidas de ajuste. Desde el Ministerio de Hacienda y Finanzas miran con recelo a los “burócratas” como Werner o Roberto Cardarelli, el responsable de la misión que concluyó ayer. No obstante, consideran que restablecer el vínculo con el FMI forma parte del proceso de reinserción plena del país, las provincias y las grandes empresas en el mercado financiero internacional. El goteo amarrete en el que devino la prometida lluvia de inversiones exige que el endeudamiento externo provea los dólares requeridos para sostener el esquema económico. Los reducidos niveles de deuda heredados ofrecieron la plataforma para comenzar a emitir bonos. Y sobre ella se montó el proceso de desregulación del mercado cambiario y la rehabilitación de la bicicleta financiera. La construcción de un vínculo distendido con el Fondo es una herramienta más para garantizar ese proceso.

A lo largo de las últimas semanas trascendió que el informe que está elaborando el FMI marcará algunas críticas sobre elementos como la política de tipo de cambio pero la sintonía política es innegable. “Después de un año de importantes salidas de capitales estamos viendo un contexto bastante favorable para la región a medida que los inversores internacionales buscan mayor rentabilidad en un escenario de tasas de interés negativas”, describió Werner, que enfatizó la capacidad argentina para insertarse en esa dinámica de endeudamiento. “Las condiciones iniciales, los cambios macroeconómicos, regulatorios y microeconómicos tienen las características para impulsar un proceso de inversión lento pero de importante magnitud en los próximos años, beneficiándose de un entorno internacional de amplio apetito por vehículos de inversión con retornos más elevados que los que hay en el mundo”.

Fuente: http://www.pagina12.com.ar/diario/economia/2-310650-2016-09-30.html
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