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La difícil misión de Dujovne en la reunión del FMI: persuadir sobre la existencia de un plan económico sostenible (iProfesional)

El informe oficial del FMI, previo a su asamblea anual, proyectó una inflación de 21,6% para el país, cifra superior a la meta oficial fijada por el Banco Central. Funcionarios argentinos van a la reunión para seducir a inversores, pero sufren el "fuego amigo" de economistas locales


Fue corta la luna de miel con el mercado de crédito y con los organismos como el Fondo Monetario Internacional.

En el avión que los llevó hasta Washington para asistir a la asamblea del FMI y del Banco Mundial, los ministros, Nicolás Dujovne y Luis Caputo, habrán tenido tiempo para reflexionar al respecto.

Para esta nueva comitiva argentina, la recepción es muy diferente a la que hace apenas un año esperaba a su antecesor, Alfonso Prat Gay, quien se había convertido en una de las "estrellas" del convite.

No era para menos, ya que llegaba con la buena nueva de que el "alumno descarriado" finalmente se realinearía por la vía de saldar el mayor default de la historia y de sincerar todas las estadísticas sospechosas que habían llevado a que el Fondo le mostrara "tarjeta amarilla" al país.

"Hay mucha expectativa con lo que está pasando en la Argentina, realmente ven que ahora hay un cambio en serio", afirmaba un exultante Prat Gay en aquel entonces.

Un año después, el FMI dejó de ser ese ámbito tan amable. Y no porque Dujovne vaya a encontrarse con un clima hostil ni porque los funcionarios e inversores se nieguen a reunirse con él.

Esa parte ya ha sido descontada, porque para eso se hacen estas asambleas. Hasta Axel Kicillof, en su momento, lució sonriente en la foto junto con Christine Lagarde.

El cambio es más sutil, pero también más duro de digerir: la Argentina está perdiendo parte de la confianza de inversores y de organismos internacionales.

Justo antes del inicio del debate, se conoció el informe sobre perspectivas económicas globales. Y el capítulo argentino vino con la mala noticia de que el equipo de economistas del FMI había corregido al alza sus previsiones inflacionarias: ahora espera un 21,6%.

Esto viene a ser otra confirmación de que el mercado descree de la meta oficial del 17% y a coronar una saga de pronósticos poco alentadores.

Los sondeos de opinión pública venían mostrando cierto grado de desconfianza, tal como lo reflejó la última medición de la Universidad Di Tella, que marcó una expectativa del 30% promedio para los próximos 12 meses.

Las consultoras económicas también vienen corrigiendo sus proyecciones, algo que quedó corroborado en dos sondeos muy tenidos en cuenta por los inversores:

- El REM (Relevamiento de Expectativas del Mercado), elaborado por el Banco Central a partir de 50 previsiones, hace referencia a una inflación del 21,2% para el año

- La encuesta Latin Focus, que considera los pronósticos de bancos y agencias locales e internacionales, da cuenta de un 21,8% promedio

Para un Gobierno que ha centrado toda su estrategia económica y política en la lucha contra la suba de precios (y que ha supeditado todos los otros objetivos a perseguir esa meta anual del 17%) estas proyecciones suman ruido y desconfianza.

Para peor, el informe del FMI tampoco luce optimista en su renglón sobre el crecimiento del PBI local: prevé un alza del 2,2%, bien por debajo de la expectativa oficial del 3,5%.

Dentro de lo previsto
Las cifras del organismo pudieron haber causado malestar pero no sorpresa. De hecho, los analistas argentinos descartaban que el informe sobre el país iba a tener ese tono. Porque si algo caracteriza al FMI es que es conservador en cuanto a sus estimaciones.

"Tiende a ser pesimista en sus previsiones a nivel general. En especial, en el número de crecimiento. Nosotros esperamos algo más para el PBI: alrededor del 3% de suba, con una inflación de algo más del 20%", resume Eric Ritondale, economista de Econviews.

En la misma sintonía, Gastón Rossi, economista y director del Banco Ciudad, afirma a iProfesional que la percepción del mercado y analistas en cuanto al índice de precios "nunca estuvo por debajo del 20%".

Aclara que la expectativa privada siempre se mantuvo por encima de las metas del Banco Central e indica que los datos revelados por el FMI son la "confirmación externa" de lo que ya se viene manejando en el mercado.

Ramiro Castiñeira, economista jefe Econométrica, considera que las metas que se autoimpuso el Gobierno para inflación y crecimiento anual han sido, desde un inicio, muy exigentes. Sobre todo si se tiene en cuenta la inercia y el efecto arrastre del 2016.

En cuanto al alza de precios, "el no haberse bajado el déficit y el fuerte aumento de los servicios públicos empujan el número hacia arriba", resume a iProfesional.

La opinión generalizada de los analistas es que el Banco Central está haciendo un buen trabajo para domar el índice inflacionario, incluso si la cifra final termina siendo tres o cuatro puntos más que la estipulada por el Gobierno.

No será mala, si se tiene en cuenta que se vienen de largos años de fuertes desequilibrios de los precios relativos y de tarifas planchadas. El problema pasa (una vez más) por las expectativas generadas, que hacen que cualquier desvío sea interpretado como una falla.

Por lo pronto, el equipo económico confía en que los inversores saben apreciar que el país ahora se autoimpuso "metas", y que luego de un 2016 con inflación del 40% se esté hablando de la mitad para 2017.

Ritondale aclara que todas las naciones de la región que se propusieron bajar el índice de precios a un dígito necesitaron de entre tres y cinco años.

Vendiendo un plan cuestionado
En su intensa agenda en Washington, Dujovne se entrevistará con funcionarios del FMI y de organismos internacionales, además de funcionarios de Singapur, Indonesia y Reino Unido. Banqueros e inversores también tendrán su espacio en la agenda oficial.

Las dudas en materia de inflación no son la parte más dura de los cuestionamientos que debe enfrentar. De hecho, incumplir con las metas no es considerado algo tan grave, en la medida en que la tendencia sea bajista.

Los mayores interrogantes, en cambio, tienen más que ver con si el modelo económico que aplica el macrismo será sostenible en el tiempo.

Este es, precisamente, el verdadero desafío de Dujovne y compañía: persuadir a los potenciales inversores de que la Argentina puede crecer de manera sostenida. No a tasas "chinas", pero sí a menor ritmo y de modo perdurable.

No resulta una tarea fácil. Más aun teniendo en cuenta la renovada ola de escepticismo entre los propios economistas argentinos de línea ortodoxa.

Por caso, Miguel Angel Broda, referente indiscutido de la city y hombre de consulta de inversores extranjeros, causó revuelo al afirmar que la estrategia actual no tiene futuro.

"El resto del mundo está dudando mucho sobre si podemos ser un país normal", advirtió, al tiempo que diagnosticó que "no hay plan económico para sacarnos de la decadencia".

Con argumentos parecidos a los que ya habían planteado otros analistas, como José Luis Espert o Roberto Cachanosky, señaló que los funcionarios equivocan el remedio al sostener laxitud fiscal y rigor monetario.

Para Broda, eso equivale a "encender el aire acondicionado y la estufa simultáneamente". Entiende que se corre el riesgo de comprometer el crecimiento dado que el alza de tasas de interés agravará los problemas de empleo.

Recibir cuestionamientos de este tenor desde dentro del país no es la carta de presentación ideal para los funcionarios argentinos que intentan, a miles de kilómetros, convencer a los inversores a que traigan sus dólares.

Más aun cuando los ministros son tratados de manera casi despectiva por los propios analistas, al calificarlos como meros "secretarios". Esto de por sí marca un claro contraste con la aureola de "superministro" que rodeaba a Prat Gay.

Esta es la nueva realidad con la que deben lidiar hoy día los principales nombres del equipo económico: inversores externos más escépticos y el propio "fuego amigo" que llega de sus colegas locales.

Como antecedente, las últimas comitivas que desembarcaron en el país se fueron con varias dudas sobre el cumplimiento de las metas fiscales y del vigor de los "brotes verdes" que asoman en algunos sectores.

Por el lado del FMI, sus integrantes muestran cierta ambigüedad en sus referencias sobre la Argentina. Por un lado, siembran dudas en cuestiones como, por ejemplo, el alto costo fiscal que surge de la "reparación histórica" a los jubilados.

Por otro, expresan su entusiasmo con el nuevo rumbo del país, entienden la situación social que enfrenta Macri y aceptan que el Presidente debe manejarse de manera gradual en la reducción del gasto, si es que quiere consolidar su proyecto político.

Esto lo dejó en claro David Lipton, el número dos del organismo, que estuvo en Buenos Aires para participar del "Mini Davos": "Es clave avanzar en el proceso de desinflación e ir reduciendo el déficit. El gradualismo es una estrategia que nos parece bien".

Sus palabras en algo ayudan a los funcionarios que participan del encuentro cumbre. Al menos sirven para amortiguar las consecuencias negativas que generan los dichos de sus colegas economistas locales, que hasta los reducen al rol de meros secretarios.

En este contexto, seducir a los inversores se hace difícil. Sólo les queda entonces mostrarles su firmeza en el rumbo elegido, compartirles la férrea decisión de ordenar la economía y convencerlos de que, con el paso del tiempo, se irán viendo los resultados de las reformas estructurales.


Pero claro, para un Gobierno que necesita demostrar cuanto antes esos logros -y acechado por la cercanía de las urnas-, el tiempo es un recurso sumamente escaso.

Fuente: http://www.iprofesional.com/notas/248557-La-difcil-misin-de-Dujovne-en-la-reunin-del-FMI-persuadir-sobre-la-existencia-de-un-plan-econmico-sostenible

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