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5 oct. 2018

Orden desde la calle 19: freezer fuerte hasta marzo y aguantar

Panorama semanal

Mauricio Macri decidió apostar su reelección al plan ortodoxo para frenar la disparada del dólar que redactaron los técnicos del Fondo Monetario y que empezaron a aplicar en tándem el superministro Nicolás Dujovne y su delegado en el Central'>Banco Central, Guido Sandleris. Lejos del segundo semestre de recuperación que promocionaba dos años atrás su predecesor Alfonso Prat-Gay y de su fallida jardinería bonsai de brotes verdes, el empoderado jefe del Palacio de Hacienda opta por no arriesgar cuándo dejará de contraerse la economía. Espantada por el vértigo de la corrida cambiaria, al ala política del oficialismo también parecen haber dejado de preocuparla los plazos. La campaña ya empezó y el lema es uno solo: tenemos al mejor piloto para atravesar la tormenta.
Si no contara con la ventaja de una oposición dividida y las causas judiciales que empiezan a arrinconar a Cristina Kirchner, la situación conduciría al Gobierno a una derrota segura. Según su propia hoja de ruta, Macri llegará al momento en que se definan los frentes para las elecciones de octubre del año que viene con la economía todavía en plena recesión. Las duras condiciones que impuso la semana pasada el directorio del Fondo para adelantar los desembolsos previstos en el programa firmado en junio y disipar el terror de Wall Street a un default pre-electoral anticipan incluso que los números rojos de la actividad pueden extenderse hasta los propios comicios.

La apuesta a un ajuste recesivo de tal magnitud y duración solo reconoce como antecedente aquel invierno que convocó a pasar Álvaro Alsogaray en 1959, de la mano del primer experimento local del FMI. A fuerza de aspirar pesos de los bolsillos de sus votantes, el Gobierno abrirá el año electoral con una inflación que habrá cedido un poco frente al récord desde 2002 que tocó el mes pasado pero que seguirá arriba del 30% anual. El poder adquisitivo de salarios, jubilaciones y planes sociales se mantendrá bien por debajo del nivel previo a las legislativas de hace un año. Y el torniquete monetario que anunció Sandleris también le impedirá apelar al mágico ayudín de los préstamos Argenta, un factor decisivo aunque poco analizado de la victoria del oficialismo el año pasado en el Conurbano bonaerense. Con estas tasas, no hay fondo de sustentabilidad capaz de aguantar el subsidio necesario para hacerlos tentadores de nuevo.

La idea que flota en la Rosada es que el ajuste ya lo hizo por las malas la devaluación y que ahora solo resta aguantar sus consecuencias para recoger luego sus frutos. Las tasas de interés recontraaltas, que el propio Dante Sica definió como "incompatibles con la producción", seguirán al menos hasta marzo. Es el plazo que arriesgó Sandleris ante los representantes de bancos extranjeros que recibió la semana pasada en su nuevo despacho. Recién entonces, estiman las fuentes consultadas por BAE Negocios, se darán las circunstancias que podrían hacerlas bajar: que haya dos meses seguidos de caída fuerte de las expectativas inflacionarias y que las empresas y particulares vendan tantos dólares que el Central deba salir a comprarlos para que su cotización no caiga por debajo de la banda de flotación.

Mediante esas compras de dólares, el nuevo jefe del Central podría reinyectar parte de los pesos que aspiró de un saque esta semana gracias a las Letras de Liquidez (Leliq), su caballito de batalla. Sería el oasis después de la desértica travesía del verano. Dos datos fresquísimos entusiasmaron a Dujovne con que eso puede ocurrir más temprano que tarde. Por un lado, entre el jueves de la semana pasada y el martes de ésta hubo cuatro días hábiles seguidos de desatesoramiento neto de dólares por parte del sector privado, algo que no ocurría desde 2010. Por otro, el mes de septiembre cerró con un pequeño superávit comercial. Todo un ajustazo respecto del déficit de más de 700 millones de dólares que dejó el mismo mes de 2017.

PIMCO y Doña Rosa

En el equipo económico descartan que las Leliq sean "el primo hermano del monstruo de las Lebac", como las definió anteayer Carlos Melconian en otra de sus periódicas ráfagas de fuego amigo. Aducen que el problema no fue el billón de pesos que tomó prestado Sturzenegger mediante esas letras sino que les permitiera comprarlas a "PIMCO y a Doña Rosa". Es decir, a grandes fondos de inversión extranjeros y a ahorristas particulares. Con los bancos, aducen, no hay problema: si en algún momento no aceptan renovarlas, alcanza con subirles los encajes y obligarlos a mantener inmovilizados más pesos. Esos encajes, que ya subió "Toto" Caputo en la desesperación del último mes, irán bajando en las próximas semanas. Así lo negoció Sandleris en el cuartel general del Fondo, en la calle 19 de Washington

Pero además del costo social de las tasas recontraaltas, cuya contracara esta semana fueron los despidos en Alpargatas, Canale, Longvie, La Campagnola y Molinos Cañuelas, el problema de las Leliq es el costo que representan para el Central'>Banco Central. El "velocirraptor" de las Lebac era el doble de alto que su primo hermano, pero las Leliq pagan más del doble del interés promedio que abonaba Sturzenegger por ellas. ¿Incubarán otra bomba, como dijo Melconian?

Para las empresas, y en especial las de menor envergadura, saber cuánto durará el apretón monetario es un asunto de vida o muerte. Pagar más del 80% anual por fondos en descubierto o por descuento de cheques implica dejar en el banco una cuarta parte de su facturación si les pagan a 90 días, algo que en las últimas semanas se convirtió en un plazo perentorio. Y esa exacción no se puede extender durante demasiado tiempo sin empujarlas a la mora y luego a la quiebra.

Sandleris dio a entender que será implacable hasta que amaine el traslado a precios de la devaluación. Pero ni en el Gobierno creen que eso vaya a ocurrir este mes: por el arrastre de septiembre y por la suba del gas, estiman que la inflación superará el 4%. En el mejor de los escenarios, creen que el costo de vida recién bajaría de 3% en diciembre.

El banquero zombie

Además del antecedente criollo de Alsogaray, el paquete de ajuste fiscal y monetario que exigió aplicar el Fondo para adelantar sus giros al Gobierno reconoce otra inspiración: la Grecia de los últimos años. El país de Alexis Tsipras, que este lunes anunció la culminación del tercer rescate de la "troika" (el Fondo, la Comisión Europea y el Central'>Banco Central Europeo), también se vio forzado a ajustar a su Estado por un equivalente al 6% de su PBI en tres años, como prevé hacerlo Macri. El resultado no fue el más auspicioso: ocho años de recesión, 26% de caída del PBI, casi 260.000 millones de euros de nueva deuda y medio millón de jóvenes emigrados.

Lo admitió la Oficina de Evaluación Independiente (OEI) del Fondo, en un informe que publicó en 2016 sobre el primer programa (2010), donde se sugiere que la troika sacrificó a la economía helena para salvar a los bancos acreedores, en su mayoría franceses y alemanes. "La magnitud de los errores de las previsiones de crecimiento de Grecia es extraordinaria", concluyó esa oficina, que solo evalúa programas ya concluídos. Eso no impidió que las recomendaciones de la calle 19 siguieran por el mismo camino.

La gran diferencia, argumentan en el Gobierno, es que Grecia se aferró al euro y no pudo devaluar, como sí lo hizo -y severamente- la Argentina. Consumada la devaluación, si a nadie le tiembla el pulso para congelar su gasto, el ajuste será más rápido. Por eso Hacienda e Interior siguen presionando a los gobernadores que todavía no adhirieron al pacto fiscal y procuran que acompañen su plan de austeridad. Los puntos más conflictivos son dos: el traspaso a las provincias del costo de sostener la tarifa social eléctrica y el subsidio al transporte. Es una ruleta rusa. Hay quienes, como el pampeano Carlos Verna, anticipan que no se harán cargo y le endosarán a la Nación el costo político de una eventual duplicación del boleto de colectivo. ¿Pero contra quién protestarán los pasajeros?

Son problemas de la política que ya no atormentan a "Toto" Caputo, aliviado después de haber abandonado un puesto del que Macri había decidido echarlo, a pedido del staff del Fondo, tres semanas antes de que se hiciera pública su renuncia. Fiel a su jefe, el ex JP Morgan se mantuvo en su despacho de Reconquista 266 como un banquero zombie, mientras Sandleris ya negociaba en nombre del Central, exactamente un mes atrás. Las huestes de Lagarde no solo le cuestionaban a Caputo que vendiera reservas prestadas por el organismo para intentar contener (sin éxito) la disparada del billete, sino sobre todo que no combinara esos esfuerzos con una política monetaria restrictiva como la que ahora sí desplegó Sandleris.

La pequeña venganza de Caputo estuvo en el timing del anuncio formal: justo cuando Macri estaba en Nueva York tratando de llevar sosiego a inversores le dijo que no aguantaba más. El Presidente igual respiró aliviado: los reportes que solía enviarle "Toto" por Whatsapp en los peores días de turbulencia cambiaria, con demasiados emoticones y un tono que iba de la euforia a la depresión, no lo ayudaban a concentrarse.

Fuente: https://www.baenegocios.com/economia-finanzas/Orden-desde-la-calle-19-freezer-fuerte-hasta-marzo-y-aguantar-20181004-0100.html

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