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21 dic. 2018

Efectos de la crisis

La aparente mejora no es contradictoria con la recesión. Aunque todos perdieron, la aceleración inflacionaria y la destrucción de empleo impactaron más sobre los trabajadores registrados.

El coeficiente de Gini alcanzó a 0,424 punto durante el tercer trimestre de 2018. El indicador, que cuanto más cercano a 1 muestra la desigualdad en la distribución del ingreso, registró una leve mejora frente al mismo período del año pasado cuando llegó a 0,427 punto. Cuando se lo compara con los registros del primer trimestre de 2018 la reducción es más significativa ya que entonces marcó 0,440 punto. La aparente mejora no es contradictoria con un escenario recesivo donde aumenta la pobreza. Las cifras del Indec dan cuenta de un escenario donde, si bien todos los sectores perdieron, la aceleración inflacionaria y la destrucción de empleo impactan con más intensidad sobre los ingresos de los trabajadores asalariados registrados. La medición para el índice de Gini se mantiene por encima de los valores observados antes de la llegada de Mauricio Macri. Por su parte, la brecha de ingresos entre el 10 por ciento más rico y el 10 por ciento más pobre fue de 19 veces a lo largo del trimestre anterior. 
El informe sobre la evolución de la distribución del ingreso muestra que entre julio y septiembre todos los sectores de la población registraron una profunda pérdida en su poder adquisitivo. La aceleración inflacionaria que acompañó a la corrida cambiaria junto con la destrucción de puestos de trabajo resultó en una caída de la capacidad de compra de los ingresos de entre 5 y 7 puntos porcentuales. Los datos de la Encuesta Permanente de Hogares muestran que, en términos relativos, la pérdida fue más significativa para los sectores más acaudalados.

Al momento de analizar cómo se “reparte la torta”, las estadísticas públicas dividen a la población en diez tramos de ingresos denominados deciles. El segmento donde se ubican los hogares más acomodados, el décimo decil, se apropió del 27,5 por ciento del ingreso mientras que el primer decil, aquel que corresponde a los sectores más vulnerables, apenas recibió el 2,1 por ciento del total. Con el objetivo de minimizar los errores asociados a los datos de los extremos de la Encuesta Permanente de Hogares se pueden realizar comparaciones alternativas como la relación entre el segundo y el noveno decil. Los primeros recibieron 3,6 por ciento del ingreso y los otros recibieron el 16,9 por ciento del total. Otro guarismo que da cuenta de la concentración distributiva es que el 10 por ciento más rico de las familias concentra un nivel de ingresos superior al del 50 por ciento de la población de menores ingresos.

Por su parte, la brecha entre el ingreso per cápita familiar del diez por ciento de los hogares más vulnerables y el diez por ciento más acaudalado llegó a 19 veces en el tercer trimestre de 2018. El dato es levemente inferior a las 20 veces que registró el Indec en el mismo período de 2017 y el pico de 22 veces observado durante el tercer trimestre de 2016. Durante el segundo trimestre de 2015, el último dato disponible antes del apagón estadístico dispuesto por el Indec, la distancia entre los ingresos de los hogares del primer y el último decil había sido de 16,5 veces.

Fuente: https://www.pagina12.com.ar/163582-efectos-de-la-crisis

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