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20 dic. 2018

Todo tarjeta, nada de préstamos: así se financia una compra en Argentina

Los analistas observan que las familias ahora están cancelando porciones menores de sus resúmenes de tarjeta. Y advierten sobre riesgos de mora financiera

En noviembre se produjo un hecho sin precedentes en lo que hace a la forma en que se distribuyó la demanda de crédito por parte de las familias ya que, debido a una serie de factores, por cada peso que se tomó a través de los préstamos personales se financiaron ocho vía tarjetas de crédito.

Esta relación de ocho a uno rompe todos los récords y no solo eso, más que duplica el promedio de los últimos 12 meses, pese a que el costo de financiamiento es sustancialmente más elevado.

El notable incremento de los saldos financiados con tarjetas de crédito, que en noviembre sumaron unos $80.000 millones, se debe en gran medida a que muchas familias que venían pagando la totalidad del saldo optaron por abonar parte del mismo o incluso solo el mínimo requerido por la emisora.

Desde los propios bancos se argumenta que el incremento de los saldos a financiar responde a la necesidad de las familias de posponer parte de sus pagos, ante el deterioro del poder de compra.

La cifra mencionada implica un incremento del 105% con respecto a igual mes del año anterior, y cerca de 40% frente a octubre. Lo llamativo es que, según varios analistas consultados por iProfesional este mes suele ser de "baja temporada" ya que es posterior al Día de la Madre y previo a los gastos de las fiestas y vacaciones.

"Este salto rompe con la tendencia registrada en los dos últimos años, cuando los montos a financiar cayeron 60% y 70%, respectivamente", afirmaron desde un banco extranjero con fuerte presencia en el segmento de individuos.

"Cancelar el mínimo o sólo una parte del monto adeudado puede ser una salida para resolver un tema puntual, pero si se convierte en costumbre el costo para el titular del plástico es muy elevado y a la vez riesgoso, por las altas tasas que aplican los bancos por los saldos y la manera en que se dispara el importe mínimo los meses subsiguientes”, agregan desde un banco nacional que ve con preocupación cómo aumentan los montos a financiar.

Lo cierto es que los analistas del mercado no ocultan su sorpresa por el cambio de tendencia. Como Damián Di Pace, director de la consultora FocusMarket, quien señala: "Anteriormente, el sueldo corría detrás del aumento de precios, el financiamiento del consumo en cuotas era una opción para llegar a fin de mes y prorratear el impacto de la inflación. Pero el ajuste en las tasas y el encarecimiento del crédito golpean de lleno en los hogares".

"Antes, cuando se pagaba un electrodoméstico, se esperaba que el salario terminara ganándole a las cuotas a futuro. Ahora con una compra a 12 cuotas, no se sabe si llegarán a pagarlas, por la pérdida del poder adquisitivo prevista", agrega.

Por su parte, Nicolas Litvinoff, director de la consultora Estudinero, indica: "Nunca conviene hacer el pago mínimo de la tarjeta porque en la práctica es como pedir un préstamo sin garantía al banco o al emisor del plástico".

En cuanto al costo del dinero, según datos provistos por el Banco Central, las tasas que aplican los bancos para financiar los saldos de tarjetas de crédito son las siguientes (ver cuadro):
 Sin dudas que uno de los principales motivos que llevan a esta brusca desaceleración en las colocaciones de nuevos préstamos personales es el elevado costo financiero total (CFT) que deben asumir los consumidores. En la mayoría de los casos, en las entidades de primera línea supera holgadamente la inflación esperada para los próximos meses.
La contracara del fuerte aumento de los saldos de tarjetas son los montos otorgados como nuevos préstamos personales en noviembre, que apenas alcanzaron a los $9.500 millones. Esta cifra implica una baja del orden del 60% nominal frente a igual mes de 2017 y del 12% con respecto a octubre de este año.
Con estos datos sobre la mesa, un potencial tomador de un crédito se encuentra con un panorama poco atractivo para concretar una operación, ya que a partir de estas tasas, si se toma un costo financiero promedio del orden del 125% anual, surge que para un préstamo de $20.000 a restituir en 24 meses se estaría abonando una cuota mensual de $2.300.

Haciendo una simple cuenta, se estaría repagando un total de $55.100. Es decir 2,8 veces más que lo solicitado, lo cual claramente desalienta a buena parte de la sociedad.

Si se hace un cálculo un poco más fino (tomando en cuenta las estimaciones de inflación para los próximos dos años, que podrían oscilar entre el 25% y el 30% anual), el importe real alcanzaría los $45.000, poco más del doble del préstamo original

Pero el derrumbe de la colocación de créditos tradicionales destinados a las familias no se circunscribe solamente a los personales y tarjetas, ya que los prendarios también sufrieron un duro golpe este mes.

Si se comparan los $641 millones efectivamente aplicados en noviembre frente a los $2.718 millones de un año atrás, la caída es del 75%. A principios de año se había alcanzado un pico histórico de más de $3.200 millones.

¿La revancha de los UVA?

Como contrapartida de este derrumbe, los préstamos prendarios colocados con cláusula UVA se mantienen por encima de los $1.100 millones, no muy por debajo de los máximos del año.

Igual suerte corren los personales con este mismo sistema, pues solo en noviembre se colocaron créditos nuevos por $2.500 millones, siendo el mayor desembolso del año, pese a que la tasa promedio es ligeramente inferior al 20% sobre la inflación.

Pero no todo brilla para este segmento relativamente nuevo del mercado: los que fueron las verdaderas estrellas durante mucho tiempo, los hipotecarios, continúan de capa caída.

De hecho, según datos del Banco Central, en el penúltimo mes del año los bancos colocaron poco menos de $3.000 millones, un número que está muy lejos de los $14.000 millones que marcaron un récord en marzo de este año.

Claro que ese monto se registró apenas un mes antes que se iniciara la corrida cambiaria, que prácticamente anuló para muchos potenciales clientes la posibilidad de adquirir su vivienda, debido a una abrupta devaluación que trastocó las condiciones del mercado inmobiliario.

De hecho, las escrituras apalancadas con préstamos a largo plazo se derrumbaron en noviembre cerca de 90% en la Ciudad de Buenos Aires frente a igual mes de 2017.

Este porcentaje marca una profundización de la tendencia de octubre, cuando la compraventa de viviendas con hipotecarios se había derrumbado 82% frente a igual mes del año anterior, cuando de escrituraron 355 unidades.

Se estima que el número de escrituras con préstamo bancario no llegaría 300, frente a las 2.000 que se inscribieron apenas un año atrás.

Una situación que se amplía a todas las líneas

La caída de la demanda de crédito registrada en noviembre no afectó solo a las familias. Según el propio Banco Central, también se extiende al segmento comercial.

De esta manera, se prolonga lo que viene sucediendo de un tiempo a esta parte, ya que en octubre el saldo de crédito en pesos al sector privado se contrajo tanto en términos nominales (-1,2%) como reales (-6,3%).

Esta caída es consecuencia, principalmente, del desempeño de losbancos privados. En tal sentido, todas las líneas crediticias se redujeron en términos reales respecto a septiembre, siendo las comerciales (adelantos y documentos) las que mostraron las mayores caídas relativas.

Luces amarillas por la morosidad

Dentro de este contexto de caída del saldo nominal del crédito total al sector privado, crece la preocupación entre banqueros sobre el incremento del saldo en situación irregular: en octubre el índice de morosidad de las financiaciones al sector privado alcanzó al 2,6%, por lo que aumentó levemente con respecto al nivel del mes pasado y 0,8 puntos porcentuales en comparación con el vigente un año atrás.

La mora de las financiaciones a los hogares se situó en 3,8% de la cartera total a dicho sector en octubre, incrementándose levemente con respecto al valor del mes anterior.

En una comparación interanual este indicador acumuló una suba de casi un punto porcentual, explicado por el desempeño de las líneas al consumo (personales y tarjetas de crédito), y en menor medida, de los prendarios.

En tanto, los préstamos hipotecarios mantuvieron sin cambios sus niveles de irregularidad en 0,2% en el período. Dentro de este segmento, el coeficiente de morosidad de aquellos denominados en UVA se ubicó en 0,14%.

Fuente: https://www.iprofesional.com/finanzas/283558-pesos-prendarios-tarjetas-Todo-tarjeta-nada-de-prestamos-asi-se-financia-una-compra-en-Argentina

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