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3 abr. 2019

Dólar, tasa y PBI: descartada la "V", ¿la recuperación económica tomará la forma de una "L" o de "J" invertida?

La mayoría de las consultoras revisaron sus proyecciones a la baja: argumentan que las chances de una recuperación fueron sepultadas por la suba de tasas

En medio de tanta confusión y voces cruzadas en torno a la crisis, aparece una certeza: debe tacharse la "V" (v corta) al momento de analizar la economía del corto plazo.

Esa "V" que el propio Gobierno había pronosticado en el último acuerdo con el Fondo Monetario Internacional, y que presumía una rápida recuperación de la actividad, tras la caída iniciada el año pasado.

Eso no va a ocurrir. No habrá brotes verdes que rápidamente se transformen en una arboleda que permita sugerir que el ritmo económico rebotará. Al contrario. A juzgar por las últimas decisiones de política monetaria, lo más probable es que la reactivación se demore. Es decir, será más imperceptible de lo pensado.

Descartada la "V", ahora los economistas profesionales más escépticos se juegan más a que la actividad dibuje una "L". Y los más optimistas piensan en una especie de "J" al revés.

En el primer caso, después de la severa caída de los últimos meses se llegaría a una suerte de estancamiento, sin chances de reactivación. Se trata del escenario imaginado por Carlos Melconián y su socio en la consultora MacroView, Rodolfo Santángelo.

La "J" al revés queda para los optimistas. Una suerte de leve recuperación (representada por la curvita inferior de la J) tras la brusca caída del PIB. Sería, en todo caso, una mejora reservada para quienes sostienen que la voluminosa cosecha de este año ayudará a salir de la recesión.


A ese dibujo apuesta ahora el Gobierno, que ya sabe que la "V" no se dará. Y, en todo caso, los funcionarios aguardan que ese rebote se concrete lo antes posible. Nicolás Dujovne le transmitió al Presidente Macri que hay tres claves para el (moderado) optimismo.

La mejor cosecha de los últimos 10 años, que tendrá un impacto positivo en las economías del interior.

Una recuperación del poder adquisitivo de los asalariados, que vienen golpeados desde el año pasado. Sin embargo, este escenario corre riesgos de evaporarse: la inflación en esta primera parte del año luce más elevada que lo esperado por el propio equipo económico. Y nadie podría garantizar que los salarios les ganen a los precios.

La tercera clave se vincula con la política. Refiere a la "generosidad" de los gobernadores y los intendentes, durante el año electoral, para dar aumentos a los empleados públicos por encima de la suba general de precios. Incluso, por arriba del sector privado. Sin ir más lejos, y sólo por citar el último caso, Verónica Magario acaba de disponer un alza del 40% para los trabajadores estatales en La Matanza. Un nivel muy difícil de encontrar entre las paritarias privadas.

El crecimiento, lejos

Lo cierto es que la gran mayoría del gremio de los economistas disienten con esa proyección del ministro. Si hasta hace algunas semanas, en las consultoras venían mostrando una moderada cautela respecto a las chances de ver un pronto crecimiento, esa posibilidad se disipó cuando Dujovne volvió de los Estados Unidos con la idea de extrema el el apretón monetario.

Esa fue la condición de Christine Lagarde para que el Banco Central disponga de u$s9.600 millones hasta fin de año para intervenir en el mercado cambiario.

El plan de "emisión cero recargado" derivó en un alza adicional de la tasa de interés de referencia, que vuelve a orillar el 70% anual.

En este contexto, en el cual Guido Sandleris tuvo que subir el costo del dinero en más de 20 puntos en menos de un mes, la salida de la recesión se hará cuesta arriba. Por no decir imposible.

La economista Marina Dal Poggetto, directora de la consultora Eco Go, lo sentencia con todas las letras: si había algún brote verde, ya se está marchitando", consideró. Luego reforzó: "El segundo acuerdo con el Fondo nos alejó de un riesgo cierto de espiral inflacionaria y del default. Nos distanció del precipicio pero, a la vez, nos metió en una 'macroeconomía horrible' para enfrentar un año electoral".

Desde la consultora LCG, fundada por Martín Lousteau, marcan coincidencias con esa visión negativa: "Existen pocas chances de que la economía crezca en 2019. Dependerá, esencialmente, del momento en que la actividad logre torcer la trayectoria descendente, por ahora pospuesta para el segundo trimestre cuando la inflación empiece a desacelerar su ritmo".

"Proyectamos una caída de 0,5% para 2019 corrigiendo a la baja nuestra proyección previa de crecimiento 0% dado el arrastre negativo de 2,4 puntos que dejó el año anterior y la dureza de la implementación del Programa Monetario", concluyeron desde LCG.

En la misma línea, desde MacroView sentencian: "La recesión 2018-2019 termina siendo tan profunda, y seguramente más larga, que la de 2009".

Aquella vez, el PIB cayó 5,9% y la recesión quedó limitada a tres trimestres. La previsión de la consultora de Melconian-Santángelo es que se extienda a cuatro trimestres (hasta el primero de este año) pero acumulando una contracción algo menor a la de 2009: 5,2%.

En general, las consultoras y los bancos vienen empeorando sus pronósticos para este año. Ocurrió, en las últimas horas, con el brasileño Itaú: "Revisamos nuestra última previsión y ahora esperamos una contracción del 1,2% para este año, un escenario peor al 0% que teníamos antes".

"La recesión y el escenario político incierto plantean riesgos adicionales", completaron los analistas del Itaú.

Ecolatina -la consultora fundada por Roberto Lavagna- se suma a la lista de aquellos que prevén una economía pinchada para 2019, con la única excepción del campo. Y que esta situación tendrá un innegable impacto en el mercado laboral, algo que ya se empezó a observar en la última parte de 2018, de acuerdo con los registros del Indec.

"Los principales sectores que traccionarán al PBI este año estarán vinculados a la actividad agropecuaria, rama que posee acotadas posibilidades de creación de empleo –mayores inversiones en maquinaria que en trabajo-. En contraposición, aquellos rubros trabajo-intensivos, entre los que sobresalen algunas ramas de la industria y el comercio, seguirán en rojo durante casi todo 2019", señalan desde Ecolatina.

"Podemos afirmar que el mercado de trabajo no mejorará este año, aun cuando la actividad económica comience a arrojar señales de repunte", concluye la consultora.

Desde ACM, su fundador, el economista Javier Alvaredo, apunta que "para el 2019 esperamos que en promedio la actividad caiga en torno del 2% respecto al 2018".

A la hora de los argumentos, puntea: "Las tasas de interés se mantienen en niveles muy elevados, la caída del salario real persiste, la inversión pública muestra un escaso dinamismo y las exportaciones muestran un crecimiento acotado".

Ferreres, la excepción optimista

El toque diferencial, otra vez, lo pone Orlando Ferreres, director de OF&A. Su consultora ganó prestigio en los últimos años haciendo sus propios cálculos de actividad económica e inflación. Desde ese lugar, Ferreres tiene la mirada más optimista entre sus colegas.

Ferreres tiene la visión de que la economía ya tocó un piso y que estará creciendo a un ritmo del 6% anual al momento de las elecciones. Es más: se juega a que el índice de precios se desacelerará y que -hacia mediados de año-  los salarios privados y las jubilaciones superarán a la inflación.

"La recesión alcanzó un piso, ya hay varios sectores que muestran alzas en diciembre y enero descontando la estacionalidad, pero la actividad aún se mantiene en una planicie, acompañada por una leve recuperación de la confianza del consumidor y la imagen del Gobierno", argumenta Ferreres.

La letra que finalmente termine dibujando el ritmo de actividad es un tema clave, más allá del juego periodístico. No es lo mismo si, como publicita Nicolás Dujovne, empieza a rebotar ahora que si lo hace más adelante. O si no llega nunca. En el año electoral, la salud de la economía será determinante para el resultado de las elecciones de octubre.

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